Damian apagó la radio. Acto seguido se levantó impetuoso y empezó a registrar todos los rincones de la vieja casa. Todo en ella estaba como lo recordaba. Los muebles, en el mismo sitio de antaño, mantenían su pulso contra el tiempo, sin dar muestras de deterioro. Los vencidos por la carcoma, aún astillados, se mantenían todavía en pie resistiendo los asaltos enemigos con voluntad espartana. Los que no habían sido aún atacados por la carcoma, simplemente aguardaban. Impertérritos al acoso de su natural enemigo, ocupaban su espacio vital, quizás haciendo de la esperanza muralla contra los gusanos que habían empezado a devorar muros y puertas. En algunas de las habitaciones de la planta superior el techo había cedido; el abandono, la furia de los elementos y la plaga que hemos mencionado habían vencido. Pero a pesar de todo, los daños en ellas, no habían hecho peligrar el resto de la estructura. - ¡Hay mucho trabajo por hacer!- Exclamó Damian, no muy animado.-Tendré que hacer una lista de materiales, quizás en el viejo despacho haya papel, no creo; pero nada pierdo si lo compruebo.- Después de decirse esto, nuestro amigo bajó las escaleras, cruzó el salón y salió por la puerta de entrada.
Siempre se había extrañado de que su abuelo hubiera decidido construir el despacho lejos de la casa principal. Su abuelo no era un burócrata, era más un vaquero nómada. Al abuelo los espacios cerrados le aturdían, para sentirse vivo, debía estar en contacto con la naturaleza, sentir el viento en la cara y el sudor recorriéndole la espalda, de no haberse casado, quizás le hubiera bastado para refugiarse de la intemperie, una tienda de campaña. Pero se casó y como buen marido, le construyó a su mujer una buena casa. El negocio creció y el abuelo envejeció por eso construyó un despacho. Pero levantó aquel, lejos de la vivienda principal. El abuelo, con los años se burocratizó y teniendo como tenía en aquella oficina doméstica su nuevo lugar de trabajo, empezó a atender en él, todos los asuntos de trabajo. En él recibía a los proveedores y a los clientes, en él almacenaba los libros de cuentas y en él emborronaba los dichos libros. Damian, que ahora se dirigía al viejo despacho, recordó que un día le preguntó al viejo por qué había decidido construir tan lejos de la casa el despacho y el abuelo le respondió:
"Mira, Damian, en este mundo hay que saber separar lo profesional, de lo doméstico. El individuo que no sabe acotar ambos ámbitos será o un mal cabeza de familia, o un mal profesional, o ambas cosas a la vez. ¿Qué quiero decir con esto? Pues lo que digo es que el que lleva trabajo a casa acaba descuidando a la familia. La mujer así se siente sola y los hijos desasistidos. La soledad acaba matando el amor, el amor perdido se busca en otra parte y la infidelidad acaba con el matrimonio.
En cuanto a los hijos, si estos no tienen la atención del padre o de la madre, se meten en líos, forma sutil de decir: "padre, madre, os necesito". Los líos pueden ser inocentes trastadas que con el tiempo se convierten en grandes fechorías, estas conducen al delito y este al castigo. Por eso aquel que por negocios descuida a su familia, acaba perdiendo su mayor capital. Si la domesticidad y la profesionalidad se mezclan, el profesional descuida el negocio, porque las obligaciones domésticas, lo entretienen, si la profesión se descuida, el dinero deja de entrar en casa y sin capital, también pierdes a la familia, pues con las manos vacías, ¿cómo vas a a alimentarla? Por eso decidí atender los asuntos de negocios lejos de la casa. Así cuando acabo la jornada entro en casa y me olvido del trabajo y cuando salgo de casa me olvido de las obligaciones domésticas. De esta manera, ni tu abuela se aburre de verme, ni yo me canso de anhelarla".
Este discurso, como tantos otros de su abuelo, se había quedado plasmado en sus recuerdos infantiles. Las soflamas del viejo, las recordaba nuestro amigo, a veces, mohosas y raídas como viejas vestiduras rescatadas de un baúl, pero otras, como ahora, se presentaban como si fueran leyes que para conservarse hubieran sido esculpidas en piedra, y era entonces, cuando Damian reproducía el discurso en toda su integridad, sin mutilación alguna, con todos sus puntos, con todas sus comas. Esta capacidad memotécnica, a veces, irritaba a Damian. Pues muchas de esas máximas eran un compendio de la sabiduría del dichoso, del hombre recto, justo y honrado que había triunfado en la vida, haciendo de su humildad escudo contra el fracaso. Él, en su humildad había fracasado. Con discreta exactitud había plasmado sobre papel milimetrado, esbozos de felicidad. En cada línea de sus planos había trazos del alma que ama lo que crea, pero desdeña lo que le rodea. El amor al trabajo había convertido a Damian en un corazón de tinta que difícilmente podía amar otra cosa distinta al papel tridimensional. Más allá del plano, aquel corazón solitario, era una maquina disfuncional incapaz de latir al mismo ritmo que otro corazón humano. El amor romántico, era algo que asustaba a Damian, pues carecía de mesura y de lógica. Aunque había tenido varias relaciones nunca se atrevió a comprometerse. El compromiso, exige esfuerzo, compenetración, diálogo. Pero ese esfuerzo, muchas veces no compensa, es como intentar llenar de agua un pozo sin fondo, una labor ardua e inútil. Una pareja auna a dos individualidades condenadas a enfrentarse, si se comparten gustos el dos puede que sea varios años uno; pero más tarde o más temprano el vaso se colmara y el contenido abandonara al continente, para buscar su propio curso; es entonces cuando el diálogo, se convierte en monólogo para más tarde apagarse en el silencio. Ese era su fracaso, ser incapaz de formar una familia, ser capaz de desafiar los valores tradicionales que le habían sido desde pequeño inculcados; no por rebeldía, sino por la imposibilidad de comprometerse con otra cosa distinta a su trabajo.
De repente y casi sin darse cuenta, se dio de bruces con la puerta, por la cual, se accedía al despacho.
Bitácora
lunes, 17 de diciembre de 2012
lunes, 4 de junio de 2012
CAPITULO III.- Tribulaciones. III-4
Ya estaba en el viejo rancho. Diez mil hectáreas de pradera, formaciones boscosas y montañas plagadas de cuevas. La vieja casa del abuelo, aún estaba en pie, pese a llevar varios años cerrada. Aquí y allá en las paredes y el porche se podían ver algunas maderas podridas o partidas, alrededor de la casa la hierba había crecido mucho. En los aleros que cubrían el porche, se habían instalado colonias de arañas. Al este de la casa principal, el tejado del viejo establo se había hundido, al sur de él los vallados, donde antaño se encerraba el ganado, solo conservaban algunos postes verticales. Los parterres, que rodeaban la casa, soportaban restos de antiguos arbustos florales. Damian se dirigió a la puerta de entrada de la casa, cuando puso el pie en uno de los escalones que subían hasta el porche, este crujió y tres o cuatro ratones de campo salieron corriendo del hueco de la escalera. Cuando nuestro amigo, estuvo frente a la puerta de entrada, saco de uno de sus bolsillos la vieja llave, la insertó en la cerradura y forcejeó varios minutos, por fin, ésta cedió y la puerta se abrió. Los goznes chirriaron y frente a Damian se mostró el viejo salón. Los sillones, donde los invitados se sentaban a hablar, fumar y beber, tenían la patas partidas. Las cortinas de rojo satén estaban rotas y descorridas, el viejo piano aún se mantenía en pie, aunque algunas teclas se habían desprendido del teclado. La vieja butaca del abuelo y la mesa sobre la que se hallaba la vieja radio, eran los dos objetos del mobiliario que mejor parecían haber soportado el paso del tiempo y el abandono. Damian encendió la radio y a los pocos segundos empezó a oír su singular zumbido.- ¡Esto es increíble, aún funciona!.- Exclamó Damian sorprendido. Empezó a mover el dial para sintonizar algún canal. De repente, débil sonó la voz de un locutor:
"Anoche se iniciaron los bombardeos sobre las principales ciudades de la liga de países extremistas que financiaron, entrenaron y participaron en la planificación del atentado que destruyó la capital de nuestro país. Entre los objetivos de los bombardeos se encontraban aeropuertos, militares y civiles, fábricas, oleoductos y edificios gubernamentales y militares. Fuentes del Estado Mayor afirman que los bombardeos han sido un éxito y han alcanzado todos los objetivos seleccionados produciendo pocos daños colaterales. Dichas fuentes afirman que aún no se han hallado posibles silos que pudieran albergar misiles de largo alcance susceptibles de ser armados con cabezas nucleares. Sobre este particular los servicios de inteligencia trabajan día y noche a fin de hallar estos posibles silos. Desde la presidencia y el Estado Mayor se dan mensajes optimistas y tranquilizadores. En ellos se afirma que dichos países no tienen capacidad para lanzar un ataque masivo con misiles de largo alcance. Dicen que todos los satélites militares y radares de tierra y aire vigilan continuamente para evitar este supuesto ataque y en caso que se produjera las contramedidas necesarias, ya están tomadas.
En los últimos días se han detenido a varios simpatizantes de los países enemigos. Las embajadas de los países con los que estamos en guerra han sido cerradas y los trabajadores de las mismas han sido extraditados a sus países de origen. También se esta procediendo a la extradición de sujetos nacidos en estos países, se pretende con ello evitar que se cree una sexta columna dentro de nuestro país que sabotee nuestro esfuerzo bélico. Las manifestaciones en apoyo de los individuos extraditados se han sucedido en distintos puntos de nuestra patria. También ha habido varias manifestaciones en contra de la guerra y de la proliferación de armas de destrucción masiva. Algunos de nuestros aliados también han criticado la política de extradición y han aconsejado a nuestro presidente que cesen las hostilidades para llegar a acuerdos diplomáticos con los países en guerra. Nuestro presidente no da el brazo a torcer y amenaza con usar armas nucleares si se produce otro brutal atentado como el que sufrió la capital del estado.
Se cree que dentro de nuestro país puede haber células dormidas, bien adiestradas y financiadas que pueden perpetrar varios atentados. A este fin desde los servicios de seguridad se hace un llamamiento a la población civil para que denuncien cualquier comportamiento sospechoso, e invitan a extremar la precaución, pues en todo el país se suceden actos vandálicos. Han aumentado el número de robos a tiendas y particulares y radicales amparándose en manifestaciones pacíficas han producido altercados que han destruido mobiliario público. Por ello ayer se aprobó un Decreto Ley por el cual toda manifestación, aunque sea pacífica, se considerará ilegal y se autoriza el uso de la fuerza para disolverla. Esta ley aunque cuenta con muchos detractores, entre ellos asociaciones de defensa de los derechos civiles, entrara en vigor en breve".
"Anoche se iniciaron los bombardeos sobre las principales ciudades de la liga de países extremistas que financiaron, entrenaron y participaron en la planificación del atentado que destruyó la capital de nuestro país. Entre los objetivos de los bombardeos se encontraban aeropuertos, militares y civiles, fábricas, oleoductos y edificios gubernamentales y militares. Fuentes del Estado Mayor afirman que los bombardeos han sido un éxito y han alcanzado todos los objetivos seleccionados produciendo pocos daños colaterales. Dichas fuentes afirman que aún no se han hallado posibles silos que pudieran albergar misiles de largo alcance susceptibles de ser armados con cabezas nucleares. Sobre este particular los servicios de inteligencia trabajan día y noche a fin de hallar estos posibles silos. Desde la presidencia y el Estado Mayor se dan mensajes optimistas y tranquilizadores. En ellos se afirma que dichos países no tienen capacidad para lanzar un ataque masivo con misiles de largo alcance. Dicen que todos los satélites militares y radares de tierra y aire vigilan continuamente para evitar este supuesto ataque y en caso que se produjera las contramedidas necesarias, ya están tomadas.
En los últimos días se han detenido a varios simpatizantes de los países enemigos. Las embajadas de los países con los que estamos en guerra han sido cerradas y los trabajadores de las mismas han sido extraditados a sus países de origen. También se esta procediendo a la extradición de sujetos nacidos en estos países, se pretende con ello evitar que se cree una sexta columna dentro de nuestro país que sabotee nuestro esfuerzo bélico. Las manifestaciones en apoyo de los individuos extraditados se han sucedido en distintos puntos de nuestra patria. También ha habido varias manifestaciones en contra de la guerra y de la proliferación de armas de destrucción masiva. Algunos de nuestros aliados también han criticado la política de extradición y han aconsejado a nuestro presidente que cesen las hostilidades para llegar a acuerdos diplomáticos con los países en guerra. Nuestro presidente no da el brazo a torcer y amenaza con usar armas nucleares si se produce otro brutal atentado como el que sufrió la capital del estado.
Se cree que dentro de nuestro país puede haber células dormidas, bien adiestradas y financiadas que pueden perpetrar varios atentados. A este fin desde los servicios de seguridad se hace un llamamiento a la población civil para que denuncien cualquier comportamiento sospechoso, e invitan a extremar la precaución, pues en todo el país se suceden actos vandálicos. Han aumentado el número de robos a tiendas y particulares y radicales amparándose en manifestaciones pacíficas han producido altercados que han destruido mobiliario público. Por ello ayer se aprobó un Decreto Ley por el cual toda manifestación, aunque sea pacífica, se considerará ilegal y se autoriza el uso de la fuerza para disolverla. Esta ley aunque cuenta con muchos detractores, entre ellos asociaciones de defensa de los derechos civiles, entrara en vigor en breve".
viernes, 1 de junio de 2012
CAPITULO III. Tribulaciones.III-3
Aunque Damian hacía todo lo posible por calmarse: ejercicios de relajación, ejercicios respiratorios; nada daba resultados. Parecía ser víctima de una conspiración, era como si todo estuviera en su contra. En pocos días, la fortuna le había mostrado su peor cara, varias veces. La bomba, la detención y ahora el asesinato del agente que lo había apaleado. La suerte le había sonreído hasta entonces, ¿pero le seguiría sonriendo? Por lo que había leído, las pistas que la policía seguía, apuntaban a él, sabía que no había sido el autor del homicidio, pero un su certeza, la duda hacía mella. Quizás los últimos acontecimientos, le habían afectado de un modo extraño, su cordura podría haber sido afectada por algún tipo de locura. Se sentía perseguido y acorralado. Dudaba de todo y de todos. Su mundo infeliz y programado, había sucumbido a la presión de los hechos, para caer como un castillo de naipes. Ya no existía la certeza, ni la seguridad que esta da. Todo era confusión, inseguridad, incertidumbre, probabilidad, improvisación. El hecho de dudar, hacía que Damian sintiera miedo y este pánico se transformaba en locura. La cordura como interpretación ortodoxa de la realidad, hasta ahora, había sido para Damian un hábito formalizado por la rutina. Ahora que ese mundo expiraba, el futuro se presentaba como realidad heterodoxa, difícil de interpretar desde el punto de vista racional. El hábito determinado le había negado hasta entonces la libertad; en su caverna de cotidianeidad se había marchitado su individual modo de interpretar el mundo. Sus convicciones, hasta ahora, nunca habían sido suyas. Todo le había sido impuesto desde fuera, la presión social le había obligado a ello. Esto había fabricado la soga que ahora pretendía romper. Pero esa búsqueda del yo individual, esa persecución de su propia identidad, era lo que ahora podía ser usado por la policía para ahorcarlo. Sobre el viaje que Damian estaba realizando, planearía la sospecha de la huida. Partió antes de que aquel agente fuera asesinado. ¿Pero qué pasaría, si el agente que confirmaba haber reconocido al asesino, identificara a Damian?, ¿qué palabra pesaría más, la del agente o la del identificado? La respuesta a estas dos preguntas, es lo que hizo, que Damian se lamentara ahora, por no haber presentado una denuncia contra el agente asesinado. ¿Por qué había hecho caso al abogado de su hermano? ¿Qué interés oculto se encontraba tras el demagógico discurso del abogado? ¿Acaso, el agente de la pipa conocía a Adam? ¿Tenían en común algún turbio negocio Adam y el ahora cadáver? ¿Fue Adam amenazado por el policía de la pipa? Todo era posible e imposible a la vez. ¿Pero por qué estaba inquieto?¿Por qué sabiéndose inocente se condenaba? Quería salir de aquella celda, quería huir de la ciudad, huir del asfixiante hedor humano. No hizo lo correcto, pero era libre ¿qué le importaba que sospecharan de él? La vida es una continua sospecha. Se sospecha de la amistad del amigo, de la lealtad de la esposa, de si es amor el del padre, la madre, el hermano. El mundo es una letrina que huele a falsedad interesada, a ambigua hipocresía, a moralidad aparente, a ética discutible. Todo en él está corrompido. Los valores son desechos evacuados por un organismo político-económico desahuciado por sus tumores. La estética, las costumbres, las ideologías, las creencias no son más que una manifestación de la prostitución del espíritu. Todo se compra y se vende, todo se mercantiliza, pesa y mide, todo es una falsa sobrevalorada por el mercado. El era Damian, el nuevo, el único, aquel que al ver las grandes llanuras del oeste, renunciaba a su vida urbanita. Era el niño de antaño que volvía a comulgar con la naturaleza. Era el rústico campesino que ajeno a todo progreso, estima más su mundo duro y salvaje que cualquier dádiva o lisonja de la civilización humana. Había roto con los privilegios que su acomodada posición le había dado. La luz del horizonte abierto, la indomable paleta de los campos de trigo y maíz, el inescrutable azul del cielo, el frenético aparecer y desaparecer de árboles y bestias al ritmo de la locomotora eran algunas de las cosas que Damian percibía a través de la ventana de su vagón. Esta percepción nueva y vieja a la vez, se filtraba en el alma de Damian al compás del ruido de las ruedas, del silbato de la locomotora, del traqueteo del vagón y a medida que el tren progresaba en su marcha, Damian se alejaba más y más del ayer más reciente. Así, desprovisto de pasado, su presente mutaba en futuro desarraigado de viejas formas, costumbres y creencias. Él era Damian, el nuevo Damian, el único Damian, el auténtico Damian, el buen salvaje que regresa a sus orígenes, hastiado del mundo civilizado que un día lo cegó con sus artificiales luces, aparatándole así de la luz del sol.
lunes, 28 de mayo de 2012
CAPITULO III.Tribulaciones III-2
"Agente de policía aparece asesinado de tres disparos a quemarropa. Los responsables de la investigación aún no tienen sospechosos, pero no se descarta que la causa del asesinato responda a un posible ajuste de cuentas o venganza, dado el historial de causas pendientes de juicio, que la víctima tenía por abuso de autoridad y corrupción". Leía Damian en la portada del periódico del día. La nota venía acompañada de una fotografía y ésta sí llamó la atención de Damian.- Lo conozco, es él, ¿pero?.-Damian buscó la página en la que venía el artículo completo:
" Hoy, en el callejón fulano de tal, de la ciudad X, se ha hallado el cadáver del sargento J. S, agente de la comisaría metropolitana. El cadáver fue hallado por A. F, esta mañana a las 6 horas.
A.F afirma que había sacado su perro a pasear y que el perro se puso a ladrar cuando pasaron por el hueco de una escalera. En él había un bulto cubierto por una gabardina, A.F pensó que se trataba de un mendigo que había pasado allí la noche, así que decidió continuar con su paseo matinal, pero el perro tiró de la gabardina y dejó a la vista del amo, el cadáver, parcialmente devorado por ratas, de un individuo de mediana edad, barba espesa y despeinada, que tenía aún, en su mano una pipa, en la cual, estaban grabadas las iniciales J.S.
A.F. llamó, enseguida, a la policía. Poco después de la llamada, acudió una brigada de policía de la comisaría metropolitana. Los agentes identificaron inmediátamente al compañero abatido. Con la brigada de policía, se personaron en el lugar de los hechos, agentes de la policía científica, que tras un primer examen, determinaron que tres proyectiles de un revolver de pequeño calibre eran los causantes de la muerte del agente. Tras este primer examen el cadáver fue trasladado al depósito de la policía, donde se realizará la autopsia. Los vecinos interrogados por los agentes de la ley coinciden que a eso de las 0 horas, se oyeron tres detonaciones, la vigencia del toque de queda y el miedo causado por los disturbios de estos días, hicieron que nadie saliera a la calle a investigar. Algunos testigos, tras oír los disparos, se asomaron a las ventanas y vieron salir del callejón a un hombre alto, vestido de negro, cubierto por un pasamontañas. Algunos agentes que hacían la ronda nocturna, afirman haber visto al mismo individuo, huyendo de ellos cuando estos le dieron la orden de alto. El agente V.L. afirma que el individuo fue detenido por él y otro compañero, días antes, por violación del toque de queda. Afirman que el sospechoso, había recibido una paliza de J.S. la noche de su detención. V.L. y su compañero detuvieron a J.S. evitando así, que el presunto sospechoso muriera a manos del agente muerto. A V.L. le llamó poderosamente la atención saber que la víctima de este abuso de autoridad no denunciara el hecho. Esto y las iniciales de la gabardina (D. R.), son los únicos indicios que la policía, hasta ahora, investiga para desvelar la identidad del asesino.
El agente muerto tenía un largo historial de causas pendientes de juicio por abuso de autoridad. Actualmente, asuntos internos lo estaba investigando por su supuesta colaboración en un turbio negocio de contrabando de armas en el que estarían implicados altos funcionarios del gobierno y familias mafiosas. El agente muerto deja viuda y dos huérfanos, el entierro se celebrará dentro de dos días. Fuentes de la policía afirman que J.S. será enterrado como corresponde a un agente de la ley con más de veinte años de servicio a sus espaldas. Defienden que aunque tiene un largo historial de denuncias, la culpabilidad del agente nunca ha sido demostrada ante ningún tribunal y por lo tanto tiene derecho a un funeral propio de cualquier policía que haya muerto con un historial impecable".
¿Las iniciales D.R., Damian Ryan? No era posible, solo tenía una gabardina con aquellas iniciales, pero no la había visto en mucho tiempo. ¿Dónde estaba, la había perdido, pero dónde?
- Cálmate, son paranoias.- Dijo Damian para si mismo.
miércoles, 23 de mayo de 2012
CAPITULO III.Tribulaciones.III-1
Cuando los dos hermanos entraron al restaurante, sonaba en un viejo tocadiscos con descarnada pasión el "ámame Alfredo" de la Traviata. En la margen izquierda del restaurante una gran barra era atendida por el regordete y afable dueño, éste hablaba atropelladamente en italiano con los pocos clientes de la barra. Había varias mesas en distintos reservados, donde gente con caros trajes de diseño italiano parloteaba acaloradamente en su lengua materna. En las paredes había colgados pósters de equipos de fútbol italianos y carteles de representaciones operísticas de obras de Verdi.
Cuando Adam se acercó a la barra, el dueño le saludo amigablemente y hablando en un mal inglés le dirigió a Adam estas palabras.- Hola señor Adam, es un honor tenerlo aquí, al señor Vito le agradará verlo.
- Sí, ¿dónde está? Me encantaría saludarlo.
- Está en la mesa del fondo, comiendo con algunos de sus hombres.- Cuando oyó esto Adam dejó a su hermano y se dirigió a la mesa que le había indicado el dueño del restaurante. Damian desde su posición en la barra vio como al llegar a dicha mesa su hermano tendía la mano a un hombre de estatura mediana, cuerpo atlético, pelo gris y mirada dura y penetrante. Poco después, Damian vio como su hermano desaparecía tras el biombo del reservado de don Vito.
- ¿Qué desea?-Le preguntó el hombre de la barra a Damian.
- Quiero una mesa.
- Estupendo, tenemos una libre, frente a esa ventana, ¿la quiere?
- Sí, no está mal.- Respondió Damian.
- El señor Adam, ¿comerá con usted?
-Sí.
- Pues siéntese y póngase cómodo, en seguida una de mis camareras le llevará la carta.
- Muy bien.- Dijo Damian, dirigiéndose a su mesa.
Desde su asiento, Damian tenía una estupenda vista del exterior del restaurante, la indescifrable verborrea italiana y el aburrido aspecto del local hizo que nuestro protagonista centrara la vista en lo que en el exterior sucedía. En el fondo de la calle una tumultuosa y colorida manifestación portaba pancartas en las que se leían frases en contra de la guerra. Mientras, procedente del otro lado de la calle oyó el bullicio de lo que parecía ser otra manifestación, las palabras venganza y guerra eran las más coreadas por aquellos. Pronto, los manifestantes que defendían una y otra postura estuvieron enfrentados. Lo que en un primer momento solo era una competición por hacer prevalecer un mensaje sobre otro, se convirtió en una auténtica batalla campal. Los pacifistas, cargaron sobre los defensores de la guerra y estos respondieron usando como proyectiles adoquines sueltos, piedras, latas, contenedores encendidos. Aquí y allá luchas individuales se resolvían a puñetazos, dejando malparados a unos y otros. Muchos acabaron con la ropa desgarrada, otros sangraban. Algunos que habían sido derribados intentaban esquivar los pisotones, los puntapiés o los puñetazos. Los dientes saltaban de las bocas, brincando como ranas; la calle pronto empezó a teñirse de un rojo vinoso y pronto el lamento de los heridos sustituyó a las proclamas a favor de la guerra o la paz. Entonces una papelera impactó sobre los cristales del restaurante, cerca del lugar donde Damian estaba. Antes del impacto, Damian se había refugiado debajo de su mesa; después del impacto Damian vio dos zapatos negros que pasaban frente a él, luego oyó unos disparos; cuando Damian abandonó el improvisado refugio, en la calle solo quedaban los restos de la refriega, dentro del local, el dueño, pidiendo disculpas a nuestro amigo, barría los cristales rotos. - Lo siento señor, ¡esos malditos manifestantes!, ¿quiere otra mesa?, ¡que el demonio los confunda!, lo siento, le invito a comer, ¡hijos de madre desnaturalizada!.- Calma Pascuale - Decía Adam, que al oír el impacto, había abandonado la mesa de don Vito para unirse a su hermano.- Comeremos en la mesa de Don Vito.- ¡¿Calmarme?! ¡Esos....!- Prorrumpiendo insultos en italiano - Me han destrozado el local, me costará un montón de dinero arreglar ese cristal y mientras vienen a arreglarlo tendré que dormir aquí para que no me roben. - Cálmate Pascuale, sabes que mientras don Vito sea tu socio no debes temer a los ladrones. - Dijo Adam, intentando calmar al alterado dueño. - Sí tiene razón, ¿comerán con don Vito? Enseguida les mando a la mesa alguien con la carta.- Estupendo, en la mesa de don Vito te esperamos.- Dijo Adam.-Ven te presentaré a don Vito.- Continúo hablando Adam, pero dirigiéndose esta vez a su hermano.- Esta bien.- Le replicó Damian.- Espero no tener más sobresaltos.
- Descuida, Pascuale ya se ha encargado de hacer el trabajo de los antidisturbios.
-¿Ha sido él quien ha disparado?- Preguntó Damian, tartamudeando.
- Sí disparó al aire y eso bastó para que todos salieran corriendo.
- ¿Pero....?
- Pero nada, Damian te presento a don Vito.- Le interrumpió Adam; ya habían llegado al reservado del hombre de estatura mediana.- Don Vito, le presento a mi hermano Damian.-Es un placer.- Dijo, el hombre del cabello gris, estrechando fuertemente la mano de Damian. Al lado de don Vito, había tres gorilas, musculosos, de espaldas anchas. Pero a don Vito, que parecía un ser minúsculo e insignificante al lado de esos tres individuos, le bastó hacer un gesto con las manos, para que aquellos tres fortachones cedieran sus respectivos asientos a los dos hermanos. Poco después de sentarse a la mesa de don Vito, una atractiva mujer morena con atractivas y definidas curvas les traía la carta.
- ¿Qué van a tomar?- Preguntó, la camarera con sensual acento.
- Yo quiero de entremés un carpaccio, de primero unos espagetis a la parmesana, de segundo una capesante alla veneziana y de postre un amaretti.- Pidió Damian en mal italiano.
- Io voglio d´antipasto, frutti di mare. De primo, tortellini alla zucca. De secondo, orata al forno. De dolce, pastiera.- Pidió Adam en un mal dominado, italiano. La mujer cuando tomó nota se alejó de la mesa con un sensual movimiento de cadera.
- ¿A qué se dedica, Damian?- Preguntó don Vito, rompiendo el hielo.
- Soy arquitecto.- Respondió Damian balbuceante, que no había podido sobreponerse todavía, al susto que le había provocado el impacto de la papelera, sobre los cristales.
- No seas tan modesto, eres un gran arquitecto.- Dijo, Adam, interviniendo en la conversación.
- ¿Es usted tímido o acaso me teme?-Preguntó don Vito que había reparado en el balbuceo de Damian.
- No señor,- respondió Damian, intentando calmarse.- El hecho de que balbucee se debe a que por solo unos segundos he conseguido esquivar una papelera y unos cristales rotos.
- ¿Estaba cerca de la zona de impacto?- Preguntó don Vito, sin interés.
- Sí señor.
- ¡Va, una papelera, unos cristales rotos! No es nada que cause pavor.- Replicó don Vito, restándole importancia.
- No, tiene razón, pero tampoco es motivo para disparar.- Dijo Damian un tanto indignado.
- ¡Ah, Pascuale! Siempre fue de gatillo fácil, pero acabó con el alboroto ¿no? Pocos policías pueden decir lo mismo en estos casos.
- Sí fue efectivo, pero un tanto impulsivo, ¿no?
- ¿Impulsivo? No, no lo creo. Defendía el pan de su familia. Cosa que no pueden decir los que provocaron los altercados.- Replicó don Vito, apático.
- Los que protagonizaron los altercados, estaban ejerciendo un derecho constitucional.
- Sí, un derecho constitucional, alterar el orden público, montar una pelea callejera, si un derecho constitucional.- Dijo don Vito, sin alzar el tono de la voz.
- Muchas veces, las cosas se salen de madre.
- Sí, se salen de madre.- Dijo don Vito, sin mostrar ningún tipo de emoción.- ¿Dígame esta usted a favor de la guerra o en contra?
- La verdad es que estoy en contra de cualquier guerra, pero fui testigo del atentado y creo que está justificada, aunque no estoy de acuerdo con los que la defienden.
- Es usted bastante tibio.- Le espetó Don Vito.- La tibieza hace que el buen juicio no prevalezca. Muchas veces se precisa mano dura, para que tus ordenes se cumplan. La gente que no defiende sus convicciones, es débil, no tiene capacidad de liderazgo, solo sirve para ser gobernada y manipulada.
- Supongo que usted es un tipo duro.- Dijo Damian, sarcástico.
- ¡Que bien, ya esta aquí la comida!.- Exclamó Adam que percibió, cierta tirantez, entre ambos contertulios.
- ¿Dígame, Damian le gusta la comida italiana?.- Preguntó don Vito.
- Sí, pero no es mi preferida.
- ¿Qué comida prefiere, la mexicana, la china u otro tipo de comida?
- Prefiero la que cocino yo.
- Interesante, un amo de casa.-Replicó don Vito.
- Mi hermano solo vive para el trabajo y en el trabajo, no tiene tiempo para visitar restaurantes.- Dijo Adam, metiéndose en la conversación.
- Un hombre que solo vive para trabajar, no disfruta de los placeres de la vida. Cuando envejezca y le cueste trabajar, descubrirá que ha malgastado su vida. Es un hombre gris, sin emociones, sin pasiones, una pieza indispensable, pero rota. Algo poco efectivo, pero útil al fin y al cabo. De nada sirve trabajar, si cuando terminas la jornada, no hay nadie esperándote en casa.
- ¿Usted tiene familia?-Le preguntó Damian exasperado por la soflama que acababa de oír.
- Sí, una gran familia.- Respondió don Vito que ya empezaba a perder la calma.
- ¿Todos le esperan con los brazos abiertos cuando vuelve a casa?
- No, solo los más allegados.
- Entonces, ¿de que sirve una gran familia?
- Sirve para hacer buenos negocios, sin que esto suponga, un trabajo agotador que reste tiempo de ocio.
- Interesante, punto de vista, lo tendré en cuenta en el futuro.- Dijo Damian, zanjando la conversación.-¡Camarera, la cuenta, por favor! - No te preocupes yo pagaré la cuenta.- Dijo Adam a Damian.
- Lo ve, don Vito, es bueno tener familia.- Sentenció Damian, que levantándose se puso en dos zancadas en la puerta del local.
- Su hermano no ha sido muy respetuoso.- Dijo don Vito a Adam, cuando Damian hubo abandonado el local.
- Lo siento, padrino, siempre fue impetuoso.
- Pues en lo sucesivo, refrena su ímpetu, o de lo contrario, adiós negocio, adiós hermano y adiós vida. ¿Capisci?
Cuando Adam se acercó a la barra, el dueño le saludo amigablemente y hablando en un mal inglés le dirigió a Adam estas palabras.- Hola señor Adam, es un honor tenerlo aquí, al señor Vito le agradará verlo.
- Sí, ¿dónde está? Me encantaría saludarlo.
- Está en la mesa del fondo, comiendo con algunos de sus hombres.- Cuando oyó esto Adam dejó a su hermano y se dirigió a la mesa que le había indicado el dueño del restaurante. Damian desde su posición en la barra vio como al llegar a dicha mesa su hermano tendía la mano a un hombre de estatura mediana, cuerpo atlético, pelo gris y mirada dura y penetrante. Poco después, Damian vio como su hermano desaparecía tras el biombo del reservado de don Vito.
- ¿Qué desea?-Le preguntó el hombre de la barra a Damian.
- Quiero una mesa.
- Estupendo, tenemos una libre, frente a esa ventana, ¿la quiere?
- Sí, no está mal.- Respondió Damian.
- El señor Adam, ¿comerá con usted?
-Sí.
- Pues siéntese y póngase cómodo, en seguida una de mis camareras le llevará la carta.
- Muy bien.- Dijo Damian, dirigiéndose a su mesa.
Desde su asiento, Damian tenía una estupenda vista del exterior del restaurante, la indescifrable verborrea italiana y el aburrido aspecto del local hizo que nuestro protagonista centrara la vista en lo que en el exterior sucedía. En el fondo de la calle una tumultuosa y colorida manifestación portaba pancartas en las que se leían frases en contra de la guerra. Mientras, procedente del otro lado de la calle oyó el bullicio de lo que parecía ser otra manifestación, las palabras venganza y guerra eran las más coreadas por aquellos. Pronto, los manifestantes que defendían una y otra postura estuvieron enfrentados. Lo que en un primer momento solo era una competición por hacer prevalecer un mensaje sobre otro, se convirtió en una auténtica batalla campal. Los pacifistas, cargaron sobre los defensores de la guerra y estos respondieron usando como proyectiles adoquines sueltos, piedras, latas, contenedores encendidos. Aquí y allá luchas individuales se resolvían a puñetazos, dejando malparados a unos y otros. Muchos acabaron con la ropa desgarrada, otros sangraban. Algunos que habían sido derribados intentaban esquivar los pisotones, los puntapiés o los puñetazos. Los dientes saltaban de las bocas, brincando como ranas; la calle pronto empezó a teñirse de un rojo vinoso y pronto el lamento de los heridos sustituyó a las proclamas a favor de la guerra o la paz. Entonces una papelera impactó sobre los cristales del restaurante, cerca del lugar donde Damian estaba. Antes del impacto, Damian se había refugiado debajo de su mesa; después del impacto Damian vio dos zapatos negros que pasaban frente a él, luego oyó unos disparos; cuando Damian abandonó el improvisado refugio, en la calle solo quedaban los restos de la refriega, dentro del local, el dueño, pidiendo disculpas a nuestro amigo, barría los cristales rotos. - Lo siento señor, ¡esos malditos manifestantes!, ¿quiere otra mesa?, ¡que el demonio los confunda!, lo siento, le invito a comer, ¡hijos de madre desnaturalizada!.- Calma Pascuale - Decía Adam, que al oír el impacto, había abandonado la mesa de don Vito para unirse a su hermano.- Comeremos en la mesa de Don Vito.- ¡¿Calmarme?! ¡Esos....!- Prorrumpiendo insultos en italiano - Me han destrozado el local, me costará un montón de dinero arreglar ese cristal y mientras vienen a arreglarlo tendré que dormir aquí para que no me roben. - Cálmate Pascuale, sabes que mientras don Vito sea tu socio no debes temer a los ladrones. - Dijo Adam, intentando calmar al alterado dueño. - Sí tiene razón, ¿comerán con don Vito? Enseguida les mando a la mesa alguien con la carta.- Estupendo, en la mesa de don Vito te esperamos.- Dijo Adam.-Ven te presentaré a don Vito.- Continúo hablando Adam, pero dirigiéndose esta vez a su hermano.- Esta bien.- Le replicó Damian.- Espero no tener más sobresaltos.
- Descuida, Pascuale ya se ha encargado de hacer el trabajo de los antidisturbios.
-¿Ha sido él quien ha disparado?- Preguntó Damian, tartamudeando.
- Sí disparó al aire y eso bastó para que todos salieran corriendo.
- ¿Pero....?
- Pero nada, Damian te presento a don Vito.- Le interrumpió Adam; ya habían llegado al reservado del hombre de estatura mediana.- Don Vito, le presento a mi hermano Damian.-Es un placer.- Dijo, el hombre del cabello gris, estrechando fuertemente la mano de Damian. Al lado de don Vito, había tres gorilas, musculosos, de espaldas anchas. Pero a don Vito, que parecía un ser minúsculo e insignificante al lado de esos tres individuos, le bastó hacer un gesto con las manos, para que aquellos tres fortachones cedieran sus respectivos asientos a los dos hermanos. Poco después de sentarse a la mesa de don Vito, una atractiva mujer morena con atractivas y definidas curvas les traía la carta.
- ¿Qué van a tomar?- Preguntó, la camarera con sensual acento.
- Yo quiero de entremés un carpaccio, de primero unos espagetis a la parmesana, de segundo una capesante alla veneziana y de postre un amaretti.- Pidió Damian en mal italiano.
- Io voglio d´antipasto, frutti di mare. De primo, tortellini alla zucca. De secondo, orata al forno. De dolce, pastiera.- Pidió Adam en un mal dominado, italiano. La mujer cuando tomó nota se alejó de la mesa con un sensual movimiento de cadera.
- ¿A qué se dedica, Damian?- Preguntó don Vito, rompiendo el hielo.
- Soy arquitecto.- Respondió Damian balbuceante, que no había podido sobreponerse todavía, al susto que le había provocado el impacto de la papelera, sobre los cristales.
- No seas tan modesto, eres un gran arquitecto.- Dijo, Adam, interviniendo en la conversación.
- ¿Es usted tímido o acaso me teme?-Preguntó don Vito que había reparado en el balbuceo de Damian.
- No señor,- respondió Damian, intentando calmarse.- El hecho de que balbucee se debe a que por solo unos segundos he conseguido esquivar una papelera y unos cristales rotos.
- ¿Estaba cerca de la zona de impacto?- Preguntó don Vito, sin interés.
- Sí señor.
- ¡Va, una papelera, unos cristales rotos! No es nada que cause pavor.- Replicó don Vito, restándole importancia.
- No, tiene razón, pero tampoco es motivo para disparar.- Dijo Damian un tanto indignado.
- ¡Ah, Pascuale! Siempre fue de gatillo fácil, pero acabó con el alboroto ¿no? Pocos policías pueden decir lo mismo en estos casos.
- Sí fue efectivo, pero un tanto impulsivo, ¿no?
- ¿Impulsivo? No, no lo creo. Defendía el pan de su familia. Cosa que no pueden decir los que provocaron los altercados.- Replicó don Vito, apático.
- Los que protagonizaron los altercados, estaban ejerciendo un derecho constitucional.
- Sí, un derecho constitucional, alterar el orden público, montar una pelea callejera, si un derecho constitucional.- Dijo don Vito, sin alzar el tono de la voz.
- Muchas veces, las cosas se salen de madre.
- Sí, se salen de madre.- Dijo don Vito, sin mostrar ningún tipo de emoción.- ¿Dígame esta usted a favor de la guerra o en contra?
- La verdad es que estoy en contra de cualquier guerra, pero fui testigo del atentado y creo que está justificada, aunque no estoy de acuerdo con los que la defienden.
- Es usted bastante tibio.- Le espetó Don Vito.- La tibieza hace que el buen juicio no prevalezca. Muchas veces se precisa mano dura, para que tus ordenes se cumplan. La gente que no defiende sus convicciones, es débil, no tiene capacidad de liderazgo, solo sirve para ser gobernada y manipulada.
- Supongo que usted es un tipo duro.- Dijo Damian, sarcástico.
- ¡Que bien, ya esta aquí la comida!.- Exclamó Adam que percibió, cierta tirantez, entre ambos contertulios.
- ¿Dígame, Damian le gusta la comida italiana?.- Preguntó don Vito.
- Sí, pero no es mi preferida.
- ¿Qué comida prefiere, la mexicana, la china u otro tipo de comida?
- Prefiero la que cocino yo.
- Interesante, un amo de casa.-Replicó don Vito.
- Mi hermano solo vive para el trabajo y en el trabajo, no tiene tiempo para visitar restaurantes.- Dijo Adam, metiéndose en la conversación.
- Un hombre que solo vive para trabajar, no disfruta de los placeres de la vida. Cuando envejezca y le cueste trabajar, descubrirá que ha malgastado su vida. Es un hombre gris, sin emociones, sin pasiones, una pieza indispensable, pero rota. Algo poco efectivo, pero útil al fin y al cabo. De nada sirve trabajar, si cuando terminas la jornada, no hay nadie esperándote en casa.
- ¿Usted tiene familia?-Le preguntó Damian exasperado por la soflama que acababa de oír.
- Sí, una gran familia.- Respondió don Vito que ya empezaba a perder la calma.
- ¿Todos le esperan con los brazos abiertos cuando vuelve a casa?
- No, solo los más allegados.
- Entonces, ¿de que sirve una gran familia?
- Sirve para hacer buenos negocios, sin que esto suponga, un trabajo agotador que reste tiempo de ocio.
- Interesante, punto de vista, lo tendré en cuenta en el futuro.- Dijo Damian, zanjando la conversación.-¡Camarera, la cuenta, por favor! - No te preocupes yo pagaré la cuenta.- Dijo Adam a Damian.
- Lo ve, don Vito, es bueno tener familia.- Sentenció Damian, que levantándose se puso en dos zancadas en la puerta del local.
- Su hermano no ha sido muy respetuoso.- Dijo don Vito a Adam, cuando Damian hubo abandonado el local.
- Lo siento, padrino, siempre fue impetuoso.
- Pues en lo sucesivo, refrena su ímpetu, o de lo contrario, adiós negocio, adiós hermano y adiós vida. ¿Capisci?
viernes, 18 de mayo de 2012
CAPITULO III.- Tribulaciones.III-0
El hombre de la pipa, pronto dio la espalda a Damian y a sus acompañantes.
- Y bien Damian, ¿te apetece almorzar?- Preguntó Adam.
- Sí.- Respondió Damian, dejando de mirar al hombre de la pipa.
- ¡Estupendo!- Exclamó Adam.- ¿Tendrá la bondad de acompañarnos, señor abogado?- Preguntó Adam al hombre del traje beis.
- Sería un placer acompañaros, pero aún tengo muchas cosas que hacer.- Respondió el abogado.- Adiós Damian.- Dijo el hombre de beis.- Ha sido un placer prestarle mis servicios.- Añadió, estrechando la mano de Damian.- Adiós, señor Adam. Cuando quiera estoy a su disposición.- Agregó, estrechando la mano de Adam.
- Hasta la vista.- Dijeron los dos hermanos al unísono, despidiéndose del abogado.
- Ven, acompáñame Damian. Cerca de aquí hay un restaurante italiano, donde hacen una pasta excelente.- Dijo Adam dirigiéndose a su hermano.
- Será un placer.
- ¿Qué piensas hacer, hermano?
- Pienso comerme unos buenos espagetis a la parmesana.
- No, me refiero a trabajar conmigo en el proyecto del gobierno.- Dijo Adam.
- ¿Ah, eso? No lo se, la última conversación que mantuvimos al respecto, me dejó un tanto traspuesto.
- ¿Y...?
- Nada, aún no he decidido nada, al respecto.- Dijo Damian.
- ¿Por qué? Es un gran negocio.
- Sí, es un gran negocio, pero están esos hombres del servicio secreto.
- ¿Qué hombres, qué servicio secreto?- Preguntó Adam sorprendido.
- Resulta, que cuando salí de tu despacho y tu me despediste con aquella amenaza, el pánico se apoderó de mí. Corrí hasta llegar a las puertas del edificio donde vivo, en la puerta había apostados dos hombres vestidos de negro, que parecían vigilar o esperar a alguien. Fue entonces cuando recordé tus palabras y pensé que tenía razones para preocuparme por mi vida.
- No sigas.- Interrumpió Adam- Entonces huiste y acabaste en una celda.
- Sí, así fue.
Adam esbozó una sonrisa.- Lo siento, Damian, la culpa es mía. Cuando te dije que había gente a la que no le gustaría que el proyecto se hiciera público, lo que intentaba era asustarte, para así intentar convencerte de que trabajaras en él conmigo. Lo siento, no sabía que fueras a tomarte aquella inocente advertencia tan en serio.
- ¿Entonces los hombres de negro?
- No sé quienes eran. Lo único que se es que aunque te niegues a participar en el proyecto no te pasará nada, olvídate de todo eso. Contra ti o tu persona no hay ninguna conspiración gubernamental.
- Es un alivio.- Dijo Damian suspirando.- Pero creo que voy a retirarme al campo, es lo que ahora necesito. Sabes, creo que no he superado el shok del atentado y pienso que una temporada en el rancho del abuelo, me vendrá bien.
- La decisión es tuya, si es lo que quieres, hazlo.- Dijo Adam.- Pero si una vez que estés allí, quieres volver, tu puesto en el gabinete te estará esperando.
- Gracias Adam.
Cuando Damian estaba terminando de decir aquellas palabras, los dos hermanos estaban a las puertas de un local de unos cien metros cuadrados. Se encontraba ubicado en la esquina de dos calles. Grandes ventanales definían las caras sur y este del local. A través de los cristales se podía ver un gran surtido de dulces y postres italianos en sus respectivas vitrinas. Cortinas estampadas con cuadros rojos y blancos se arqueaban en el interior del local, sombreando las vitrinas. En un luminoso cartel encima de la puerta de acceso, el neón se encendía y apagaba a intervalos regulares, resaltando así el emblema y el nombre del local. Los dos hermanos entraron.
- Y bien Damian, ¿te apetece almorzar?- Preguntó Adam.
- Sí.- Respondió Damian, dejando de mirar al hombre de la pipa.
- ¡Estupendo!- Exclamó Adam.- ¿Tendrá la bondad de acompañarnos, señor abogado?- Preguntó Adam al hombre del traje beis.
- Sería un placer acompañaros, pero aún tengo muchas cosas que hacer.- Respondió el abogado.- Adiós Damian.- Dijo el hombre de beis.- Ha sido un placer prestarle mis servicios.- Añadió, estrechando la mano de Damian.- Adiós, señor Adam. Cuando quiera estoy a su disposición.- Agregó, estrechando la mano de Adam.
- Hasta la vista.- Dijeron los dos hermanos al unísono, despidiéndose del abogado.
- Ven, acompáñame Damian. Cerca de aquí hay un restaurante italiano, donde hacen una pasta excelente.- Dijo Adam dirigiéndose a su hermano.
- Será un placer.
- ¿Qué piensas hacer, hermano?
- Pienso comerme unos buenos espagetis a la parmesana.
- No, me refiero a trabajar conmigo en el proyecto del gobierno.- Dijo Adam.
- ¿Ah, eso? No lo se, la última conversación que mantuvimos al respecto, me dejó un tanto traspuesto.
- ¿Y...?
- Nada, aún no he decidido nada, al respecto.- Dijo Damian.
- ¿Por qué? Es un gran negocio.
- Sí, es un gran negocio, pero están esos hombres del servicio secreto.
- ¿Qué hombres, qué servicio secreto?- Preguntó Adam sorprendido.
- Resulta, que cuando salí de tu despacho y tu me despediste con aquella amenaza, el pánico se apoderó de mí. Corrí hasta llegar a las puertas del edificio donde vivo, en la puerta había apostados dos hombres vestidos de negro, que parecían vigilar o esperar a alguien. Fue entonces cuando recordé tus palabras y pensé que tenía razones para preocuparme por mi vida.
- No sigas.- Interrumpió Adam- Entonces huiste y acabaste en una celda.
- Sí, así fue.
Adam esbozó una sonrisa.- Lo siento, Damian, la culpa es mía. Cuando te dije que había gente a la que no le gustaría que el proyecto se hiciera público, lo que intentaba era asustarte, para así intentar convencerte de que trabajaras en él conmigo. Lo siento, no sabía que fueras a tomarte aquella inocente advertencia tan en serio.
- ¿Entonces los hombres de negro?
- No sé quienes eran. Lo único que se es que aunque te niegues a participar en el proyecto no te pasará nada, olvídate de todo eso. Contra ti o tu persona no hay ninguna conspiración gubernamental.
- Es un alivio.- Dijo Damian suspirando.- Pero creo que voy a retirarme al campo, es lo que ahora necesito. Sabes, creo que no he superado el shok del atentado y pienso que una temporada en el rancho del abuelo, me vendrá bien.
- La decisión es tuya, si es lo que quieres, hazlo.- Dijo Adam.- Pero si una vez que estés allí, quieres volver, tu puesto en el gabinete te estará esperando.
- Gracias Adam.
Cuando Damian estaba terminando de decir aquellas palabras, los dos hermanos estaban a las puertas de un local de unos cien metros cuadrados. Se encontraba ubicado en la esquina de dos calles. Grandes ventanales definían las caras sur y este del local. A través de los cristales se podía ver un gran surtido de dulces y postres italianos en sus respectivas vitrinas. Cortinas estampadas con cuadros rojos y blancos se arqueaban en el interior del local, sombreando las vitrinas. En un luminoso cartel encima de la puerta de acceso, el neón se encendía y apagaba a intervalos regulares, resaltando así el emblema y el nombre del local. Los dos hermanos entraron.
martes, 15 de mayo de 2012
CAPITULO II.Estamos en guerra 10-II
Damian, confundido aún, examinó el entorno con detenimiento. A medida que se familiarizaba con él, acudían, como destellos, recuerdos de lo acontecido la noche anterior. Mecánicamente examinó las heridas causadas por las mordeduras de los perros. Habían sido curadas y cosidas, luego observó a su compañero de celda. Pero aquel estaba absorto en el ceremonial del rezo. Con la mirada al este y los brazos alzados, pronunciaba oraciones al compás de sus genuflexiones.
Damian se acercó a los barrotes de la celda, en la recepción, un individuo embutido en un traje beis, hablaba acaloradamente por teléfono. Frente a él, alguien alto y robusto, parecía aguardar que aquel terminara la conversación. El hombre alto tenía el cuerpo reclinado sobre la mesa de la recepción, dándole la espaldas a las celdas.
- ¡Un teléfono, quiero hacer una llamada!.- Exclamó Damian, intentando llamar la atención.
Solo el hombre alto y robusto se volvió y Damian suspiró aliviado, al comprobar que aquel varón era su hermano. Su hermano se acercó a él y con afabilidad dijo.- Vaya, por fin has recuperado el conocimiento.
- Si, no se, lo siento, ya recuerdo, solo quería hacer una llamada y el hombre de la pipa empezó a golpearme.
- Sí, así fue, ahora ese policía está detenido en la última celda. Sabes, tuviste mucha suerte, se puede decir que la detención del hombre que ahora comparte celda contigo, te salvó la vida.- Dijo Adam.
- ¿Pero como?- Preguntó Damian.
- Pues parece ser que los que lo traían detenido, sorprendieron a su compañero golpeándote y lo redujeron. Lo apresaron y llamaron a un médico, éste me llamó a mí y desde hace unos minutos estoy aquí esperando a que te recuperes.
- Pues ya me he recuperado. ¿Cuando podré salir de aquí?- Preguntó Damian.
- He pagado la multa, derivada del hecho de haber violado el toque de queda. Solo queda resolver u pequeño asunto. Saliste huyendo, dificultando así, la detención. Te pueden acusar de resistencia a la autoridad.
- ¿Resistencia? Salí huyendo, sí, pero los que me dieron la orden de alto, lanzaron contra mí sus perros, lo que me ocasionó lesiones graves. Además el hombre de la pipa, primero se negó a dejarme hacer una llamada, luego se negó a prestarme asistencia médica y después me golpeó. Creo que la policía ha cometido más delitos que yo.-Dijo Damian indignado.
- Quizás tengas razón, pero.... . Adam fue interrumpido por el hombre del traje beis.- Damian, creo que he llegado un acuerdo con el comisario, podrás salir de aquí, si no denuncias al hombre que te agredió, de no ser así, te podrían acusar de cualquier cosa aunque no tengan pruebas suficientes para condenarte.
- Pero eso es extorsión,- replicó Damian.
- No, es política.- interrumpió el abogado.- Desde anoche estamos en guerra contra una liga de países extremistas que aunque no han admitido haber participado en el atentado terrorista de hace dos días, parecen estar involucrados. Por lo menos eso es lo que se deduce de las pruebas aportadas por el servicio de inteligencia. Parece que a causa de esta declaración formal de guerra, se preveen muchas manifestaciones y la acción de los servicios de seguridad va a tener que ser bastante punitiva. El atentado dañó la imagen publica de los servicios de seguridad y cualquier escándalo que los afecte, les puede hacer perder el respeto de la sociedad, llevar el país a la desobediencia civil y sumirlo así en la anarquía. Podríamos ganar, pero sería un juicio costoso, que probablemente se dilataría en el tiempo. Además, creo que a medida que la guerra progrese se tenderá más a reprimir los derechos civiles y los abusos de autoridad serán tan comunes, que acabaran por no enjuiciarse. Si esto sucede, habrás perdido tu dinero y tu tiempo y el acusado no podrá ser juzgado, pues el delito habrá prescrito o porque simplemente la seguridad del país será más importante, que la defensa de los derechos que se nos reconocen.
- Esta bien, no habrá denuncia, pero quiero salir inmediatamente de aquí.- Dijo Damian.
- Eso está hecho.- Dijo el abogado, que después de oír estas palabras se dirigió al lugar donde se apiñaban las mesas de despacho. Minutos después el abogado regresó con el jefe de policía y dos de sus hombres. Mientras uno intentaba buscar entre un manojo de llaves, aquella que abría la puerta de la celda. El otro se dirigió a la recepción para buscar los efectos personales de Damian. Pocos minutos después, Damian escoltado por su hermano y su abogado salía de la comisaría. Cuando Damian salió de la comisaría, en la puerta, su mirada se cruzó con la mirada del hombre de la pipa. Éste apoyaba su espalda en la pared, mientras fumaba tranquilamente. Las miradas enfrentadas batallaron en un duelo colérico y mudo durante unos segundos. Lo suficiente, para dejar heridas abiertas que jamás cerrarían.
Damian se acercó a los barrotes de la celda, en la recepción, un individuo embutido en un traje beis, hablaba acaloradamente por teléfono. Frente a él, alguien alto y robusto, parecía aguardar que aquel terminara la conversación. El hombre alto tenía el cuerpo reclinado sobre la mesa de la recepción, dándole la espaldas a las celdas.
- ¡Un teléfono, quiero hacer una llamada!.- Exclamó Damian, intentando llamar la atención.
Solo el hombre alto y robusto se volvió y Damian suspiró aliviado, al comprobar que aquel varón era su hermano. Su hermano se acercó a él y con afabilidad dijo.- Vaya, por fin has recuperado el conocimiento.
- Si, no se, lo siento, ya recuerdo, solo quería hacer una llamada y el hombre de la pipa empezó a golpearme.
- Sí, así fue, ahora ese policía está detenido en la última celda. Sabes, tuviste mucha suerte, se puede decir que la detención del hombre que ahora comparte celda contigo, te salvó la vida.- Dijo Adam.
- ¿Pero como?- Preguntó Damian.
- Pues parece ser que los que lo traían detenido, sorprendieron a su compañero golpeándote y lo redujeron. Lo apresaron y llamaron a un médico, éste me llamó a mí y desde hace unos minutos estoy aquí esperando a que te recuperes.
- Pues ya me he recuperado. ¿Cuando podré salir de aquí?- Preguntó Damian.
- He pagado la multa, derivada del hecho de haber violado el toque de queda. Solo queda resolver u pequeño asunto. Saliste huyendo, dificultando así, la detención. Te pueden acusar de resistencia a la autoridad.
- ¿Resistencia? Salí huyendo, sí, pero los que me dieron la orden de alto, lanzaron contra mí sus perros, lo que me ocasionó lesiones graves. Además el hombre de la pipa, primero se negó a dejarme hacer una llamada, luego se negó a prestarme asistencia médica y después me golpeó. Creo que la policía ha cometido más delitos que yo.-Dijo Damian indignado.
- Quizás tengas razón, pero.... . Adam fue interrumpido por el hombre del traje beis.- Damian, creo que he llegado un acuerdo con el comisario, podrás salir de aquí, si no denuncias al hombre que te agredió, de no ser así, te podrían acusar de cualquier cosa aunque no tengan pruebas suficientes para condenarte.
- Pero eso es extorsión,- replicó Damian.
- No, es política.- interrumpió el abogado.- Desde anoche estamos en guerra contra una liga de países extremistas que aunque no han admitido haber participado en el atentado terrorista de hace dos días, parecen estar involucrados. Por lo menos eso es lo que se deduce de las pruebas aportadas por el servicio de inteligencia. Parece que a causa de esta declaración formal de guerra, se preveen muchas manifestaciones y la acción de los servicios de seguridad va a tener que ser bastante punitiva. El atentado dañó la imagen publica de los servicios de seguridad y cualquier escándalo que los afecte, les puede hacer perder el respeto de la sociedad, llevar el país a la desobediencia civil y sumirlo así en la anarquía. Podríamos ganar, pero sería un juicio costoso, que probablemente se dilataría en el tiempo. Además, creo que a medida que la guerra progrese se tenderá más a reprimir los derechos civiles y los abusos de autoridad serán tan comunes, que acabaran por no enjuiciarse. Si esto sucede, habrás perdido tu dinero y tu tiempo y el acusado no podrá ser juzgado, pues el delito habrá prescrito o porque simplemente la seguridad del país será más importante, que la defensa de los derechos que se nos reconocen.
- Esta bien, no habrá denuncia, pero quiero salir inmediatamente de aquí.- Dijo Damian.
- Eso está hecho.- Dijo el abogado, que después de oír estas palabras se dirigió al lugar donde se apiñaban las mesas de despacho. Minutos después el abogado regresó con el jefe de policía y dos de sus hombres. Mientras uno intentaba buscar entre un manojo de llaves, aquella que abría la puerta de la celda. El otro se dirigió a la recepción para buscar los efectos personales de Damian. Pocos minutos después, Damian escoltado por su hermano y su abogado salía de la comisaría. Cuando Damian salió de la comisaría, en la puerta, su mirada se cruzó con la mirada del hombre de la pipa. Éste apoyaba su espalda en la pared, mientras fumaba tranquilamente. Las miradas enfrentadas batallaron en un duelo colérico y mudo durante unos segundos. Lo suficiente, para dejar heridas abiertas que jamás cerrarían.
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